La insoportable ubicuidad de los libros de texto: algunas preguntas

Reconozco que, de un tiempo a esta parte, le he cogido manía a los libros de texto. Mejor dicho, a la cultura de los libros de texto: el que no se imagine una clase sin ellos, el que los alumnos deban completarlos cueste lo que cueste, el que haya tantos y estén en tantos sitios. Mi aversión se acentúa en esta época del año —el inicio del curso— al comprobar cómo las familias realizamos un desembolso obsceno en ellos y, para más inri, debemos dedicar nuestro valioso tiempo a forrarlos (otra costumbre patria de dudoso valor actual, teniendo en cuenta que la mayoría de los libros se entregan ahora en forma de cuadernillos trimestrales y apenas da tiempo a destrozarlos).

No tengo nada en contra del libro de texto como recurso educativo. Creo que es muy apto para determinadas asignaturas, contextos y etapas del aprendizaje. Más aún: en mi experiencia, un buen libro de texto contribuye no solo al mejor aprendizaje de los alumnos, sino a la propia capacitación didáctica del profesor. (Me acuerdo ahora, por ejemplo, de las horas de Lengua Inglesa con alumnos de Magisterio, apoyadas por el excelente New Headway Upper Intermediate, de Liz y John Soars.)

No tengo los conocimientos necesarios para ofrecer un análisis completo y riguroso de los costes económicos y educativos de esta cultura del aprendizaje. Pero sí detecto, desde mi experiencia como profesor, formador de maestros y padre, que merece la pena preguntarnos sí esta es la mejor o única forma de hacer las cosas. Por eso, realizo a continuación una serie de preguntas, irónicas o ingenuas, para motivar la reflexión.

1.- ¿Por qué es tan difícil ver centros de Ed. Primaria que no utilizan libros de texto por sistema, o los utilizan solo esporádicamente como un recurso más?

2.- ¿Por qué en muchos se centros se siguen usando los libros como única fuente de información, es decir, como si Internet no existiera?

3.- ¿Es realmente necesario el uso de libros de texto hasta para trabajar la religión, la educación en valores o la competencia emocional?

valores

4.- ¿Cómo se justifica el desembolso de varios cientos de euros por parte de los padres, cuando se supone que la educación es gratuita? ¿Por qué lo seguimos haciendo, en lugar de quejarnos?

5.- ¿Por qué el muñeco asociado al método editorial está disponible para su compra en los centros comerciales? ¿Qué clase de lección tácita constituye esto para nuestros hijos? ¿No podría cada clase tener su muñeco único, irreemplazable, inimitable y, sobre todo, no consumible?

insoportable ubiciudad

6.- ¿Por qué numerosos centros que trabajan por proyectos en Educación Infantil —cada vez más, afortunadamente— no se animan a extender la experiencia a Primaria?

7.- ¿Por que hay libros de Conocimiento del medio cuando el Medio es, por definición, lo que está FUERA del libro? ¿Por qué las excursiones, paseos por el barrio y visitas de invitados al aula —padres, abuelos, policías, bomberos, niños de otros cursos— son la excepción en lugar de la regla?

8.- ¿Por qué tantos padres se quejan a los centros cuando los libros de texto de sus hijos no se terminan, se usan poco o, directamente, se prescinde de ellos?

9.-¿Quién se beneficia de esta cultura escolar? ¿Padres? ¿Profes? ¿Editoriales? ¿Fabricantes de mochilas con ruedas?

10.- ¿Tan difícil o arriesgado es programar una asignatura sin seguir las pautas marcadas por el libro? ¿Será que en las escuelas de formación de profesorado no enseñamos a programar? ¿O acaso las editoriales conocen a “nuestros” niños mejor que nosotros?

11.- ¿Merece la pena seguir perpetuando la omnipresencia de un recurso tan monótono y desmotivador en nuestras aulas?

Recomiendo, como respuesta a alguna de estas preguntas, dos artículos del profesor Rafael Feito (UCM).  En el primero se critica la cultura metodológica a la que me he referido anteriormente. En el segundo se describe la experiencia de un colegio —el CEIP La Navata— que ha decidido abandonarla.

¿Qué podemos hacer? Sea lo que sea, como sugiere Ken Robinson, la respuesta NO está al final del libro.

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Archivado bajo educación, ensayo

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