Gracias, Educación Infantil

Este mes de septiembre comienza mi año cero sin Educación Infantil. En una de esas casualidades que te regala la vida, el paso de mi segundo hijo a primero de Educación Primaria ha coincidido con un cambio en mi asignación docente en virtud del cual ya no tendré clases con alumnos del Grado de Educación Infantil. Supongo que este cambio tiene sentido, ya que al fin y al cabo,mi especialidad es la didáctica del inglés y el AICLE/CLIL, pero creedme que echaré de menos la experiencia de entender cómo funciona el aprendizaje en edades tempranas.

Me resulta difícil resumir en unas pocas palabras todo lo que me han aportado estos años en los que he vivido de cerca la Educación Infantil desde la doble perspectiva de padre y profesional de la educación. Y cómo ha variado mi percepción de lo que sucede o puede suceder en una clase poblada de esos maravillosos enanitos. Ahora, gracias a mi experiencia en el Colegio Público Aldebarán, y a sus maravillosas profesoras de Educación Infantil, sé que, bien planteada, la Educación Infantil puede ser la Educación en su estado más puro. Una educación

  • que no separa el aprendizaje artificialmente en asignaturas —o lo hace lo menos posible— ni pone como fin último un objetivo igual para todos. En esto, el aprendizaje basado en proyectos se parece mucho más al mundo real -profesional y personal- que el aprendizaje basado en temas o unidades.
  • que atiende al desarrollo emocional de los niños, porque sin seguridad afectiva el desarrollo cognitivo es mucho más difícil. (Y porque la escuela, cómo cualquier otro sitio, debe ser un entorno donde prime la felicidad.)
  • que parte de los intereses de los niños, de sus preguntas, y de sus ansias por investigar.
  • que entiende el aprendizaje como algo social, que se realiza en equipo y comunidad, no como una competición en la que hay que quedar por encima de los demás.
  • que involucra a los padres en el aprendizaje de los niños, y que, por qué no, también les educa para que respeten los ritmos y la autonomía de sus hijos.
  • que respeta el grado de maduración del niño, sin encorsetarle en estándares diseñados para un niño abstracto que no existe.
  • donde predominan los materiales únicos y especiales elaborados por la clase -la maestra, los niños y las familias- por encima de los materiales estándares e impersonales de las editoriales.
  • que parte de la premisa de que no hay niños “normales”, sino que cada niño en el aula tiene sus necesidades, sus fortalezas y sus pequeños o grandes retos que superar.

En definitiva, una educación respetuosa con la naturaleza del aprendizaje: personal social, rico en contexto, emocionante y divertido. Y que no debe terminar con el paso a Educación Primaria, sino que, al contrario, debe impregnar mucho más lo que sucede en las aulas de dicha etapa.

 

Proyecto “Nuestro cuerpo”. Ed Infantil 4 años. Colegio Aldebarán (Tres Cantos)

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